viernes, 5 de octubre de 2012

Capítlo 4: Kat (Odioso, capullo)


Se acercaba la hora de comer, así que baje a la cocina a mirar que había.
  • Mmm, ¡qué bien huele!- Dije mientras me acercaba a mi madre.- ¿Qué es?
  • Comida.
  • Oh, pensaba que eran calcetines.- Dije en tono burlón.
  • ¿Se supone que me tengo que reír? Como no tienes nada que hacer, hazme un recado, anda.
No tenía ganas de nada y menos de ir a comprar.
  • Esta bien...- Contesté.
Subí a mi habitación a cambiarme el pijama. Me puse un pantalón corto, una sudadera y unos botines. Cogí mi iPhone junto a mis auriculares y volví a bajar.
  • Ya estoy, ¿dónde esta la lista?
  • Ahí.- Señaló un pequeño papel.
  • ¿Y el dinero?
  • Junto al papel. Vamos Kat.- Se giró para mirarme.- Que es para la comida y lo necesito.
  • Joder, que ya voy.
Amor de madre e hija.

Salí de casa, me guardé el dinero y el papelito en uno de los bolsillos de la sudadera. Cogí los cascos y empezé a desliarlos. “¡Mierda!” grité, me irritaba no poder desliarlos con facilidad. Justo en ese momento pasó la vecina de al frente paseando a su fea caniche, Princesa. Me miró de arriba a abajo, y siguió caminando. Ag, como odiaba esa mirada de mujer ricachona y pija, yo tan sólo me limité a pasar de ella.
Seguí caminando ya con los dichosos auriculares dentro de mis orejas. Sonaba “Tik Tok” de Ke$ha. Concentrada en la canción me dirigía al super.
“Al fin”. Entré a la tienda, busqué lo que me ponía en la lista y me fuí a pagar.
  • El ticket.
  • Gracias.- respondí.
Al salir, aceleré el paso recordando las palabras de mi madre “Que es para la comida y lo necesito”, pero sobre todo era porque tenía hambre.
¡YA HE LLEGADO!
Dejé la compra en la encimera de la cocina. Mi madre no me dijo gracias ni nada, tenía un humor de perros, en días como estos era mejor no acercarse mucho a ella, parecía Hulk pero en versión mujer.
Nadie hablaba. Hubo un largo momento de silencio, hasta que Carl empezó a hablarnos de la universidad a la que asistiría pronto.
  • Me parece genial que vayas a la universidad hijo. Esto muy orgullosa de tí.- Dijo mientras le sujetaba una mano.
  • Ya, a mi también. Aún no me lo creo.
  • Mamá, ¿sabes qué?- cambié de tema.- He sacado un 10 en el último exámen de Francés, la nota más alta de todas.-
  • Qué bien.- Dijo con desinterés.
  • Ah, ¿es que no estas orgullosa de mí? ¡Mamá!
  • ¿Qué? ¿Qué quieres?
  • Mamá, te estoy hablando. ¿Es qué acaso no te importo?
Desde que mi padre nos abondonó mi madre siempre me ha tratado mal, muy pocas veces se acercaba para hablar conmigo haber como me ha ido el día.
Cabreada, recogí mi plato y subí a mi cuarto.
Miré el reloj que había en mi escritorio: 3. 37 pm.
Empezé a arreglarme. Era temprano, pero es que yo me tardo una eternidad en vestirme, peinarme, maquillarme, etc..
Me puse algo sencillo: un vestido poco más arriba de la rodilla, una sandalias romanas y una chaqueta vaquera (tipo Demi Lovato). Me hize una trenza-diadema. Busqué mi bolso, metí mis cosas: móvil, monedero... en fin, lo necesario. Me “duché” en colonia y bajé a despedirme.
  • Adiós, me voy con Emily.
  • Qué te lo pases bien, hija.- Me dió un beso.- En aquella mesita hay 20 £, cógelos.
Wow, de Hulk a madre generosa y amable. Bipolaridad.

Llegué a casa de Emily.
Riiiin.
  • Hola, ¿esta Emily?
  • Hola Kat.- me saludó su madre.- Ahora mismo baja. ¿Quieres pasar?
  • No, gracias. La espero aquí fuera.
Asiente sonriente.
Emily sale de su casa. Nos saludamos con dos besos y un abrazo. Caminamos, no sabíamos a dónde ir.
  • ¿Qué tal si vamos al centro comercial? - Preguntó ella.
  • No es mala idea, hace tiempo que no voy.
Caminamos hasta llegar al Centro Comercial, la conversación que teníamos era muy interesante. Me contó que había conocido a un chico, que según su descripción parecía muy guapo, en la cena familiar. Pero que le cayó mal porque le dijo “niñata”.
Llegamos, nuestros padres nos dieron dinero, era obvio que nos íbamos a comprar bastantes cosas.
Nuestra tienda favorita era Zara y muchas más.
Salimos cargadas de bolsas, estábamos agotadas. Fuimos a un Nando's que había cerca.
  • Y eso, no pensaba que fuera tan mal educado.- Dijo mientras nos sentábamos en la mesa del restaurante.
  • Ya ves, ¿y te gusta?
  • ¿¡Pero qué dices!? No me gusta, sólo me parece guapo. Además se llama Zayn.
  • Umm, Zayn. Raro, pero bonito.
  • Sí.- Y se le escapa una pequeña sonrisilla.
  • Emily.- Me mira.- Yo sé que te gusta, aunque sólo lo conozcas de minutos.
  • No Kat, no me gusta. Para enamorarte de alguien tienes conocerlo. Y conocerlo bien.
  • Vale, te creo. ¡Qué palabras más sabias!- Reímos.
  • ¿Qué desean señoritas?- Nos interrumió el camarero.
  • Pues una ensalada mediterránea de estas.- Señalé en la carta de menús.- Y... ¿una hamburguesa doble de pollo?- Miré a Emily.
  • Sí.-Contesta Emily.
  • Entonces eso, y dos coca-colas.
  • De acuerdo. En unos minutos se los traigo.- Y se marcha.
Que bien olía la comida.
Por ahí entraba un grupo de chicos, eran tres o cinco. No sé de que, pero uno de ellos me sonaba. Su voz, ¿sus rizos?
  • Emy, ¿ves a esos chicos?- Dirigió sus mirada al grupo.- Uno de ellos me suena, pero no sé de qué.
  • ¿Cuál?
  • Ese.- Señalé a uno de pelos rizados, alto.- ¡El de los rizos!- Me escuchó medio restaurante.
Grité demasiado, no soy muy disimulada para este tipo de cosas. El chico de los pelos rizados se giró, mas que todo porque era el único con rizos.
Oh-oh, la he cagado. Se acercaba a nosotras, Emily se estaba descojonando, algo que no servía de mucho. Joder, estaba paralizada y eso me jodía. ¿Por qué me pongo así? Ni siquiera lo conozco, ¿o si?
  • ¿Pero tú de que vas?
  • ¿Perdona? - Me levanté de la silla con aire de superioridad.
  • Espera... espera un momento. ¿Tú eres la maleducada de ayer? - Me apuntó con el dedo.
  • Primero, baja ese dedito, ¿vale? Segundo, no soy ninguna maleducada. Quizás sea al revés.
  • ¿Te crees guay o algo por el estilo?
  • Mira, deja de vacilarme. Ahora, si a tí no te importa, voy a comer.- Me iba a marchar cuando siento que me coge del brazo.
  • ¿Pero qué...?
  • Mira niñita, a mí nadie, NADIE.- Recalcó.- Me deja con la palabra en la boca.
  • Esta vez sí. Y esa soy yo.- Me solté bruscamente.
Cogí a Emily del brazo y nos fuimos, ella se quejó.
Salí corriendo del restaurante, sentía las risas de los estúpidos amigos del rizitos. Odiaba a ese chico, aunque apenas lo conocía

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