jueves, 25 de octubre de 2012

Capítulo 8: Emily.


Al despedirme de Kat, Aria y Niall me fui a mi casa. Había sido un día agotador así que mi plan era simplemente tumbarme en mi cama y escuchar música. Por desgracia no iba a ser así, este nuevo instituto era muy estricto y nos habían mandado toneladas de deberes. Subí a mi cuarto, solté mi bolso me quité los zapatos y me senté dispuesta a hacer los deberes de historia, matemáticas, francés…. No puedo hacer todo esto, esto no es humano. Cogí mi mp3 y empecé a escuchar las nuevas canciones de Taylor Swift de su álbum RED. Al son de la música escribía los números de las ecuaciones de matemáticas. 
Después de dos horas eternas y sin distracciones por fin terminé de hacer todas las tareas. Ya eran las 19:00 y no tenia nada que hacer. La puerta se abre y aparece mi madre con una sonrisa.


  • Hola, mamá.
  • Hola, Emily. ¿Podrías ir a comprarme unas cosas? Me duele mucho la cabeza.
  • Esta bien.
  • Toma la lista, es poco y comprarte lo que quieras si hay algo que te guste.
  • Vale, muchas gracias.


Cogí mi bolso y me volví a poner los zapatos pero esta vez cogí una rebeca ya que raramente hacía un poco de fresco.


  • Adiós, mamá. Vuelvo en 1 hora


Sin escuchar respuesta dí un portazo y puse rumbo al centro comercial podría ir perfectamente al super de la esquina, pero tenia mucho tiempo y quería tomar un poco el aire fresco. Al caminar me cruzaba continuamente a personas que se me quedaban mirando como si tuviese un unicornio aplastado en la cara. ¿Que les pasaba? Siempre igual, odiaba esta sociedad. Entré al centro comercial y entré a una tienda de ropa. Cogí un vestido precioso y fui a probármelo  Abrí el probador y mi dignidad se fue por el retrete. Tenía toda la cara llena de tinta de boli. Me metí dentro y busque rápidamente una toallita húmeda de repuesto que siempre llevo en el bolso. Como la suerte siempre me sonríe no encontraba la toallita. Empece a frotarme con las manos pero nada. Así que decidí ir al baño del centro comercial. Deje el vestido allí y fui corriendo al baño. Iba con la cabeza agachada rezando para no encontrarme a nadie conocido. Y otra vez la suerte me sonrió. Me choque con alguien y caí de espaldas clavándome una maceta en la espalda.


  • Ahhhhhh

Grite de dolor.

  • Dios mio, ¿estás bien, Emy?
  • ¿Como sabes mi nombre? ¿Quien eres? ¿ Que ha pa…
  • Emy, Emy vamos despierta

Abrí los ojos muy despacio. Estaba tumbada en un banco con la cabeza echada sobre el. La levanté mirando hacia el cielo y pude observar unos ojos enormes y marrones. Me sonaban. Esta muy mareada pero pude observar quien era.


  • ¿ Zayn?
  • Si, soy Zayn y tu eres Emy
  • Se quien soy, ¿Qué ha pasado?
  • Si lo dice por ti parece que un pulpo te ha escupido JAJAJ
  • ¿Qué? Ahh joder


Me levante del banco rápidamente y le di la espalda. Recordé que tenia la cara hecha un asco.

  • ¿Qué haces?
  • Me voy Zayn
  • ¿Por qué? Tienes que descansar
  • Tengo la cara hecha un asco
  • ¿Y que? Anda, date la vuelta

Me coge del hombro y me da la vuelta. Saca un pequeño pañuelo y empieza a limpiarme la cara.


  • Es la segunda vez que te ayudo. ¿Que harías sin mi?

Yo no le conteste y me limite a mirar al suelo con una ligera sonrisa.


  • Ya está, ya estás limpia.
  • Muchas gracias Zayn. Pero no solo por esto, también por lo del incendio no te lo pude agradecer ya que te fuiste muy repentinamente.
  • Lo se, tenia mucha prisa. Como ahora, ya es hora de irme, ha sido un placer pero nos vemos mañana.
  • ¿Cómo que mañana?
  • Estamos en la misma clase en Madison Norte.
  • ¿Ah si? Pues yo no te he visto
  • Hoy estaba enfermo y no pude ir.
  • ¿Entonces como sabes que voy a tu clase?
  • Es un misterio, bueno venga te lo cuento. Mi amigo Harry me contó que hay dos chicas nuevas y una de ellas era la estúpida que se tropezó en la calle y luego tuvieron una discusión en un restaurante. Se llamaba Kat y después de unas horas deduje que la otra chica serias tu.
  • Chico listo.
  • Si.
  • Bueno yo ya me voy, muchas gracias por todo y nos vemos mañana.
  • De nada, preciosa.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Capítulo 7: Kat.


Abrí la puerta de casa. Y tal como lo imaginaba, allí estaba mi madre, cruzada de brazos. Yo nunca suelo llegar tarde.
  • ¿Estás son horas de llegar? - Dijo señalando el reloj que había en el pequeño mueble de la entrada.
  • Mamá, todo tiene explicación.
  • Hija, lo sé todo. Me ha llamado el agente Robin. ¿Qué coño hacías tu en un incendio?
  • Nosotras no lo provocamos, tan sólo pasábamos por allí y vimos que el instituto estaba en llamas. NADA MÁS.
  • Sea quién sea, ha echo una gran estupidez. Tendrás que irte al instituto Madison Norte, ¿lo sabes, no?
  • ¿¡QUÉ!?
  • Empezarás el lunes.

En mi mente tan sólo estaba aquel chico, sí, el de los rizos. Lo odio, pero es tan guapo, tan asdfghjklñ.
Mis pensamientos fueron interrumpidos por Louis, el amigo de mi hermano.
  • La leche se sirve dentro de la taza, no fuera.
  • ¿Qué? - Estaba en mi mundo, me giré asustada para ver quién me hablaba.- Aah, eres tú, Louis. ¿LOUIS? ¿QUÉ COÑO HACES AQUÍ?
  • Mis padres estarán de viajes por un largo tiempo, así que le dije a tu hermano que si me podía quedar con él. No me gusta estar sólo.
  • Ah, entonces bien.- Dije mientras secaba la leche que se me había caído en la encimera de la cocina.
  • ¿En quién pensabas, pillina? - Puso un tono algo gracioso.
  • ¿Yo? En nadie y Louis, no vuelvas a poner esa voz.- Le aconsejé
  • JAJA, está bien.- Hizo una pausa.- Pero que sepas, que al final, averiguaré que es lo que hay en esa cabezita tan bonita y pequeñita.- Louis podía llegar a ser muy cariñoso conmigo, es como otro hermano más. Lo quiero y aprecio mucho.
  • Já, en tus sueños.
Subí a mi cuarto, me tomé el vaso de leche y me acosté, estaba agotada. Hoy me habían pasado bastantes cosas. Mañana será domingo, y no tendré que madrugar.

Kat, yo te quiero, te necesito a mi lado. Desde el día en que te ví, no he dejado de pensar en tí. Te quiero, más de lo que imaginas. ¿Me perdonarás si hago esto?”

(Lunes)
Me desvelé, y encima en la mejor parte del sueño. Pero, ¿quién era el chico que me decía todo eso? Bah, daba igual, total era un sueño, un simple sueño. Miré el despertador, pensaba que serían las 3 o 4 de la mañana, de lo contrario, 6:47. Bueno, al menos hoy me dará tiempo para desayunar tranquila y no llegar tarde al nuevo instituto. Hice mis “estiramientos” matutinos, también conocido como desperezarse. Busqué mis pantuflas con los pies, me las puse, eche mi pelo hacía atrás y me levanté.
Bajé a la cocina, no había nadie, oscuridad total. Palpé con mi mano la pared para encontrar el interruptor de la luz. ¡Bingo! Todas las luces de la cocina se encendieron.
Cogí mi bol, serví la leche y los cereales.
Alguien bajaba, no le di importancia.
  • Buenos días.
  • Buenos días.
Recogí mi bol, lo lavé y volví a subir a mi cuarto a vestirme. Me decidí por unos vaqueros, mis queridísimos botines y y una camiseta con la parte del hombro derecho caído. Rebusqué mi móvil en el desorden que había en mi cama, le mandé un mensaje a Emy, por si iríamos juntas y así no sentirnos raras al llegar a aquel instituto. A los cinco minutos me lo respondió.
“CLARO, NO ME GUSTARÍA LLEGAR SOLA A UN LUGAR QUE NI SIQUIERA CONOZCO. ¿A LA HORA DE SIEMPRE? :)”

Le respondí.
“LO MISMO PIENSO. A LA HORA DE SIEMPRE. Xx”

Cogí mi bolso, apenas pesaba, pues sólo guardé un cuaderno, bolígrafo, mi móvil, llaves y dinero.
  • ¿A dónde vas con tanta prisa? - Me sujetaron del brazo.
  • Tengo prisa, Lou. ¡ADIÓS ZANAHORIA! - Ese era mi mote para Louis, ZANAHORIA, siempre estaba comiéndose una.
  • ¡ADIÓS ENANA!

A lo lejos, pude divisar a mi preciosa Emy. Nos saludamos y emprendimos nuestro camino al nuevo instituto. A ninguna de las dos nos hacía gracia ir a aquel instituto, éramos las únicas del nuestro que irían a ese, por lo menos vamos juntas.
Llegamos a la gran puerta dónde había un cartel que ponía: “MADISON NORTE”. No sabíamos si entrar o no, todo el mundo se nos quedaba mirando y se escuchaban murmullos de la gente. Listo, teníamos que entrar sí o sí. Por fuera, tenía un aspecto bastante agradable, a saber por dentro. Llegamos a secretaría preguntamos por nuestra clase, la amable señora nos indicó cómo llegar.
  • Y daros prisa, o llegaréis tarde.
  • Gracias.- Respondimos al unísono.
Encontramos nuestra aula, la número 23. Llamamos a la puerta, 5 minutos tarde. ¡Genial!
  • ¿Podemos pasar?
  • Claro, pasen. - Respondió una voz masculina.
  • Lo siento.- Me disculpé.- Pero es que somos nuevas, y bueno... No sabíamos dónde se encontraba nuestra aula.
  • Vamos, busquen asiento, estamos a punto de empezar.
Las filas de asientos estaban de dos en dos, por casualidad habían dos sitios libres, pero apartados cada uno del otro, bastante. Observé los asientos, NO ME LO PODÍA CREER. ¿QUÉ HACE ÉL AQUÍ? Me quedé de piedra, no me movía de la puerta, Emy ya se había sentado, al lado de una chica que parecía muy amable. Y el único sitio que quedaba libre era al lado de ese estúpido engreído. Esta visto que la vida me sonríe, IRONÍA MODO ON.
  • ¿A qué espera para sentarse? No tenemos todo el día.
Me senté, no podía mirarlo a la cara después de todo lo que pasó el sábado. Pasó la hora, aburrida e incómoda. Por fin sonó el esperado timbre del cambio de hora.
Al intentar levantarme, me volví a chocar con él.
  • ¿Qué? ¿Es que tienes por costumbre chocarte conmigo?
  • ¿Sabes? Paso de ti, no te mereces mi atención.
  • Eres TÚ.- dijo resaltando el tú.- quién la busca.
  • JAJAJAJA, no la necesito, paso de la mala compañía.
Se quedó en silencio, parece que esta vez gano yo.
Emy me esperaba en la puerta con cara de: WTF?
  • No es nada, esta vez he ganado yo. Vamos a la siguiente clase, ¿vale?
Asiente.
Y así de aburridas transcurrieron las tres primera horas. Llegó la hora del almuerzo, Emy me dijo que había quedado con la chica que conoció en clase para comer, que yo también fuera.
  • ¡Hola Aria!
  • ¡Hola! ¿Os sentáis?
  • Claro.
Apenas hablaba.
  • ¿Sois nuevas? - Preguntó la chica.
  • Sí.- Respondí con una sonrisa.- ¿Y tú?
  • También, pero no me gusta este sitio. Para nada.- dijo mirando a su alrededor.
A lo lejos se acercaba un chico, creo que conocía a Aria de algo.
  • Aria, volveré tarde a casa. ¿Vale?
  • Ok, pero no te pierdas.- dijo bromeando.- No tengo ganas de ir a buscarte luego.
Todas reímos.
En medio del comedor había un chico que parecía estar perdido. Rubio, ojos azules, bastante guapo.
  • ¿Lo habéis visto?- Interrumpí.
  • ¿El qué?
  • A ese chico, al rubio ese de ahí.
  • Erm, sí. ¿Qué pasa?
  • ¿Qué te mola, eeh? - Bromeó Aria.
  • No para nada.- me puse seria.- Sólo que parece perdido, ¿qué tal si le digo que se siente con nosotras?
  • Me parece bien.
  • A mi también.- se unió Emy.
Me levanté de mi sitio y me acerqué al rubio.
  • ¡Hola!
  • Hola.- contestó tímidamente.
  • ¿Te apetecería sentarte con nosotras?- señalé mi mesa.- Es que te voy un poco forever alone, ejem, quiero decir, solo.
  • Em, pues... Esta bien.- se animó
Nos acercamos a la mesa, las chicas saludaron alegremente a nuestro nuevo amigo, que resulta que también era nuevo y venía de Irlanda. Se llamaba Niall.
Acabamos el primer día de clase bastante bien. Conocimos gente nueva y agradable. Niall y Aria nos acompañaron hasta casa, ellos vivían en la siguiente calle.
Excepto por el inútil ese, que aún no sé cuál es su nombre, todo había ido perfecto.

domingo, 14 de octubre de 2012

Capítulo 6: Aria.



  • La zorra que los parió a todos -gritó mi hermano, entrando en mi habitación.
  • Michael, te agradecería que te dieras la vuelta mientras me visto -dije, mientras me ponía la camiseta. 
  • Perdón -se dio la vuelta obedientemente-. Pues eso, la zorra que los parió a todos. ¿Sabes a que instituto nos han mandado? 
  • No, mientras no sea al Eton, yo feliz -dije, estaba harta de aquella cárcel.
  • Pues casi que lo prefería. Nos vamos al Madison Norte -dijo, con voz sombría-. Adivina que profesor hijoputa está allí.
  • No. 
  • Hola, profesor Vane  -dijo él, poniendo voz de niño bueno-. ¡Ah! Espera, que se me olvida. Hola, profesor Lamas.
  • Vete a la mierda -le dije y le lancé una rana de peluche que se llamaba Rana. Un nombre muy imaginativo, si señor-. Genial, hijo de puta y pederasta. Pues me suicido.
  • Suicidio colectivo -dijo él, desanimado-. No quieeeeeeeero...
  • Niños, nada de suicidarse -dijo mi madre, desde el piso de abajo.
  • ¿Cómo lo sabe? -preguntó mi hermano dándose la vuelta.
  • No lo se y MICHAEL -entre risas, salió de mi habitación. 
En vez de bajar las escaleras como una persona normal salté a la alfombra, esquivando por poco una mesita con un jarrón lleno de peonias. Mi hermano leía un libro mientras que mi madre le tomaba las medidas de un brazo para algún nuevo traje. Levantó la vista de su libro y, mientras mi "adorada" madre anotaba algo en un papel, me hizo gesto frenéticos para que huyera lo antes posible.
Mi padre entró por la enorme cristalera que daba al jardín y se quedó parado. Entre que mi madre estaba despeinada, llena de pintura, con varios metros al cuello y vestida como si fuera una artista muerta de hambre, mi hermano haciendo gestos sin la camiseta y yo le contestara haciendo mímica, la escena tenía que ser mucho.

  • Cariño -le dijo a mi madre, cuando se recuperó de la primera impresión-. Quizás...
  • Ahora no, James -le dijo, moviendo una mano, como si fuera un mosca molesta-. Estoy trabajando.
  • Vamos, que no hemos terminado de desempaquetar todo -y la agarró para que le acompañara-. Hijo, ponte una camiseta o algo que me estás matando de frío. 
  • Vale, papá -dijo él con desinterés-. No puede dejar a Adrianne, ella está enamorada de él. Puto Jules.
  • Michael, ¿qué coño estás leyendo? -le pregunté, cogiendo la camiseta que había sobre el respaldo del sofá.
  • Ni idea, uno de los libros de mamá -dijo, pasando un par de páginas-. No pillo mucho la historia, pero bueno...
  • Deja eso anda, que tu cerebro no da para tanto -dije e intercambié el libro por la camiseta.
  • Gracias por el halago, hermanita -dijo él, sonriendo. 
  • De nada -nos miramos sin saber que hacer-. Bueno... ¿Qué hacemos?
  • ¿Nos vamos de compras? -Michael podía ser de lo más extraño. A veces parecía que, en vez de un hermano, tenía una hermana-. Yo conduzco.
  • Vale, ¿tienes dinero? Porque yo no -negó con la cabeza y se encogió de hombros.
  • No hay de que preocuparse.

Me estaba preocupando. Y mucho.
Me empujó por el pasillo y cogió las llaves del Mercedes... Al igual que la cartera de mi madre, su móvil y una chaqueta.

  • Mamá, nos vamos de compras. Me llevo tu cartera y tu coche -dijo, mientras me empujaba y salía de casa.
  • ¡MICHAEL! -gritó mi madre desde el jardín y nosotros entramos rápidamente en el coche.
  • Mamá te matará -le dije, mientras me abrochaba el cinturón.
  • Ámame, por lo menos yo te llevo de compras -dijo, mientras encendía el coche-. Mi pequeño Mercedes, ¿me has echado de menos?
  • Hola, mamá -dije, mientras que mi querida madre aparecía. Con una pala en la mano. Mi hermano bajó la ventanilla y le sonrió.
  • No te preocupes mamá, no vaciaremos tu cartera. Ciao -salimos a la carretera, riéndonos y con ganas.

Llegamos al centro comercial y nos repartimos el dinero a medias.

  • Cincuenta para ti -dijo mi hermano-. Y ciento treinta para mi. 
  • ¿Y si lo hacemos al revés? -dije, poniéndole ojitos.
  • No -puso cara de palo.
  • Pues le compro una piña a mamá -me di la vuelta, con intención de irme.
  • ¡NUNUNUNUNUNUNUNU! -gritó él, en medio del parking subterráneo-. TE DARÉ LO QUE QUIERAS, PERO NO HAGAS ESO.
  • A medias. Noventa para cada uno -negocié y aceptó sin rechistar.

Entramos dentro y como si fuera un imán que nos atrajera, entramos en la primera tienda de música que vimos. Saludamos alegremente al dependiente sin conocerlo de nada y nos fuimos directamente a mirar discos.

  • Justin, Justin, Justin... -dije, pasando un dedo sobre la estantería-. Green Day... Linkin Park. Michael, están aquí.
  • Voy -mi hermano me puso las manos en los hombros mientras yo leía las canciones disponibles en Minutes to Midnight, un disco del 2007 que yo no tenía-. ¿Sabes? Acabo de ver Underclass Hero, por allí.
  • ¿Cuanto cuesta? -pregunté, mirando el precio del disco. 20 £-. Joder, que caro.
  • Creo que 17 £ -dijo él, desinteresado-. ¿Y de Green Day nada, no?
  • Nada. Siguen con American Idiot -mi hermano soltó una risita tonta y yo le di con la caja en la cabeza-. Sigamos mirando, pero Linkin Park se viene conmigo.

Cotilleamos la tienda un rato, y en un momento dado mi hermano me arrastró, literalmente, hasta la otra punta de la tienda. Me plantó delante de una estantería y no paraba de repetir: Muse, Muse, Muse, Muse, Muse, Muse, Muse, Muse, Muse...
Miré el estante que me quedaba unos centímetros por encima de mi cabeza. Cogí una de los estuches y me sorprendí.

  • Oh, My Gosh -dije, y chasqueé la lengua-. Black Holes and Revelations.
  • Me encanta cuando hablas así en inglés -me susurró mi hermano-. Ese acento es muy sexy.
  • Michael, que soy tu hermana -le reprendí, pero él me abrazó y apoyó la barbilla en mi hombro.
  • Yeah, babe -dijo.
  • Si no fueras mi hermano te besaría -le dije. Sip, mi hermano y yo nos tratamos así siempre. Todo muy ok.
  • Si no fueras mi hermana no me importaría -me soltó.
  • Vamos a pagar. Muse, Sum 41 y Linkin Park -canturreé y me deshice de su abrazo-. Sum lo pago yo, Muse lo pagas tú y Linkin Park va a medias.
  • Vale -dijo sin hacerme mucho caso. Entorné los ojos, le quité el dinero y fui a pagar.

Salimos de la tienda hablando animadamente sobre algo sin mucha importancia. Entramos en un par de tiendas de ropa y salimos con unas cuantas bolsas.

  • ¿Pero tu crees que esos pantalones negros me sientan bien? -dijo él, fingiendo una voz de mujer-. Es que me parece que no va acorde con mi estilo, ¿sabes?
  • Uf, tía, es que te juro que esos pantalones te quedan de infarto -dije, poniendo voz de pija.
  • Pues yo te digo que no, osea que no. Vamos, que he visto un vestido precioso para ti, querida -dijo, haciendo ademán de darse la vuelta.

Me río, sin dejar de caminar.

  • No, en serio -dijo, dejando de hacer el idiota. Me agarró del brazo y tiró de mi en dirección contraria. 

Noté un pinchazo en la nuca, como si alguien me mirara fijamente. Me giré todo lo que pude con el brazo de mi hermano sobre los hombros, a mi espalda creí distinguir un chico que me miraba. Me sonaba de algo... O no. Pasé de él y entramos en Hollister, arrastrada por mi "querido" hermano.
Media hora más tarde y quince vestidos diferentes salgo con una bolsa más. 

  • Estoy cansada, Michael -me quejé-. Vamos a tomar algo...
  • Eh... Claaaaro... -está o muy despistado o muy dormido.
  • Michael, ¿qué miras? Joder... -seguí su mirada y veo a una bonita chica de unos diecisiete años, de pelo rojo y mechas negras-. Mira que te gustan las pelirrojas...
  • Sobre todo las que miran libros, hermanita... -dijo y dejó de moverse-. Yo te abandono aquí.
  • Ya decía yo que tardabas. ¡Nada de engañarme con ella! ¿eh? ¡Que te vigilo!
  • Si, si... Nos reunimos a las nueve en casa... Digo, aquí... digo... -está demasiado perdido. ¿Cómo puede ser que todavía ninguna chica se haya dado cuenta de lo fácil que es usarle? Bueno, mejor. No me gustaría ver a mi hermano con su tierno corazoncito de niño roto. De eso me encargo yo y SOLO YO.

Seguí a mi aire, pero me acabó entrando el hambre. Con tanta bolsa y tanta vagancia junta, entré en un Nando's que había por allí. 
Pedí algo para llevar y una lata de coca-cola. Me senté en un mesa y cogí mi móvil. Entré en tuenti y vi un "precioso" mensaje de Alba, mi mejor amiga (aunque estuviera en España):

ZORRA, AHORA VAS A LIGAR CON MOGOLLÓN DE INGLESES GUAPOS Y ME DEJAS AQUÍ TIRADA, ¿NO? AH. POSOK, ZORRA. YO-QUERÍA-IR. NO ME LLEVASTE. TE ODIO. QUITIDIN. NO ME HABLES, FURCIA. MORRE. PUES AHORA ME SUICIDO. 

Aguanté la risa a duras penas. 
Escribí la respuesta y cerré tuenti. Entré en twitter y contesté a un par de menciones. Vi una de mi propio hermano que decía que se llevaba a Diana (supuse que era la pelirroja) a dar una vuelta. Que volvería a eso de las ocho. 
O lo que era lo mismo: No iba a volver. 
Tendría que ir hasta casa andando... Hijo de perra. 
Miré por la ventana del establecimiento y vi pasar a varias parejas. Al rato mi buen humor desapareció. Un chico le puso un collar a su novia, se besaron y desaparecieron. Inconscientemente me llevé la mano al cuello y rocé la cadena de latón que sujetaba un colgante con forma de corazón. Me lo quité y lo miré con una mezcla de tristeza y odio. La pintura barata de color plateado hacía tiempo que se había ido, pero no lo que significaba. Aquel collar me lo había regalado un chico del que había estado enamorada y... bueno, era cosa del pasado. 
"¿Por qué no me deshago de el?" me pregunté a mi misma. 
Tal vez era por los recuerdos que traía o no, quien sabe. Pero me sentía rara al separarme de él. Suspiré pesadamente y me froté los ojos. Estuve un rato así hasta que comencé a ver estrellitas en mi párpados. Abrí los ojos y me puse el collar. 
Recogí mis cosas y mi lata de coca-cola medio llena. O medio vacía, dependiendo del punto de vista de la persona. Me dirigí a la salida. Un grupo de chicos, uno de los cuales tenía unos rizos bastante monos, pasaron por mi lado.

  • ¡El de los rizos! -gritó alguien y yo, que iba bebiendo, me atraganté. 

Fui corriendo hasta una planta de decoración que había por allí y escupí la coca-cola. Empecé a reírme, con la cabeza entre las hojas de la planta. 
Al rato noté una mano en la espalda y al incorporarme vi a un guardia de seguridad con aspecto serio. Me dirigió una mirada de recelo y yo cogí mis cosas y me fui.
Entré en Claire's. Me compré unos pendientes de pluma de color negro y una cajita que contenía tres pares de pendientes de pluma también, pero de color blanco, gris y rosa. Mientras pagaba, volví a notar el pinchazo en la nuca. Lo ignoré y le entregué el dinero a la dependienta. Cogí mi nueva compra, pero antes de salir me detuve. Miré un collar de color dorado que tenía un colgante que me encantó. Era un serpiente. La serpiente era de color plateado. Al acercarlo vi que las piedrecitas que hacían de ojos eran de color verde esmeralda. Por algún motivo me recordó a la serpiente que Slytherin tenía como animal representativo. 
Aunque no era de extrañar. Una serpiente, el color plateado y el verde esmeralda. Todo encajaba.
Esperé a un bus y fui a casa. 
No sin antes pasar por una tienda de animales.
Al llegar estaba tan cansada que solo quería tirarme sobre la cama y asfixiarme en mi propia almohada, pero tenía cosas que hacer y una venganza que llevar a cabo. Dejé las bolsas en mi habitación y haciendo una paradita en el cuarto de mi hermano, bajé a la cocina.

  • Cariño... -empezó a decir mi madre, algo cortada.
  • Si, si... Ya hago la cena -dije cansinamente, mientras me ponía el delantal.
  • Han venido los vecinos -susurró ella, como si temiera que le lanzara un tenedor o algo.
  • Que bien -dije, sin que me importara mucho.
  • Y la novia de tu hermano -dijo, con voz queda.
  • ¿Diana o Marcela? -pregunté. Sip, mi hermano solo había estado dos días en Inglaterra y ya tenía dos novias. 
  • Marcela, ¿quien es Diana? -preguntó.
  • Nadie, mamá -dije, cortando la carne. 
  • Y... -dejé caer el cuchillo y al levantarlo había un profundo corte el la tabla de cortar.
  • ¿Si, mamá?
  • No, nada -salió de allí por patas.

Hice la cena con ayuda de mi padre. Éste se compadecía de mi y lamentaba lo que me había pasado.

  • Ya sabes como es tu hermano, no se porque sigues confiando en él -me dijo.
  • Pero la venganza será mía -le repliqué, y me reí en voz baja con malicia-. Ya verás lo que se va a encontrar esta noche en su habitación. 
  • No quiero saber que has hecho -metió el lomo en el horno y al levantarse sonrió-. Eres capaz de todo, para algo eres una Slytherin. 
  • Según un par de tests soy una Gryffindor y una Ravenclaw.
  • Eso es que no funcionan bien -negó con la cabeza. Tanto a mi como a mi padre nos encantaba Harry Potter, eso era un hecho-. ¿Y tu hermano que es?
  • Un Hufflepuff -dije, con voz plana.
  • No seas mala -me reprendió con cariño.
  • Él solito se lo ha buscado -me quité el delantal-. Nadie deja tirada a una Slytherin.

Mi padre terminó de hacer la cena. 
Me fui a cambiar y cogí unos pantalones y una camiseta que había comprado. Bajé las escaleras y esquivé por poco a mi hermano, que llevaba una bandeja con carne y patatas. Me miró con odio y yo le sonreí con suficiencia.
Al entrar en la sala creí haberme equivocado de habitación. Era imposible que hubieran arreglado el salón, repapelado las paredes y puesto cortinas nuevas en solo una tarde, ¿verdad? ¿¡VERDAD!? 

  • Mamá hace milagros -me susurró mi hermano, dejando una botella de vino sobre la mesa.
  • Si es que no provoca desastres... -me lamenté yo.

Él se empezó a reír y con ganas mientras que iba hacia la cocina a por otra bandeja.

  • Cariño, ven -dijo mi madre, con ojos brillantes. ¿Qué...? Me asustaba esa mirada. En cualquier otra madre sería lo más normal del mundo. Una mirada que decía que había encontrado algo genial para su hija. Una mirada que decía que algo muy bueno iba a pasar. Una mirada que me aterrorizaba y más cuando la tenía en los ojos Aurora Marie Wildsmith, mi madre-. Os presento a mi hija, Arianne Sybill Si... 
  • No digas mi tercer nombre, mamá, o lo pagarás muy caro -le amenacé, sin importarme la presencia de los vecinos ni de la novia de mi hermano.
  • Cariño, no hay porque avergonzarse del nombre de Sin... -le corté, poniéndole las manos sobre la boca. 

Una cosa era ser fan de Harry Potter y otra muy distinta era dejar que tu padre te pusiera nombre al nacer. Y yo, por muy fan que fuera, no estaba dispuesta a que la gente se riera de mi tercer nombre. ¿Por qué a mi?
El silencio se hizo pesado, pero alguien comenzó a reírse. Miré a quien se reía. Era el hijo de mis vecinos. Oh, vaya... Si, era muy mono, todo había que decirlo. El chico se reía a gusto y Marcela también comenzó a reír. Poco a poco el aire se fue llenando con las risas. Cenamos tranquilos, yo estaba comentando cosas sobre unas pinturas y cuadros que había visto con mi padre y, como de costumbre acabamos charlando sobre si la Señora Gorda tendría un nombre. Mi madre charlaba animadamente sobre sus trabajos de costura y mi hermano estaba demasiado ocupado en Marcela... O pensando en Diana, quien sabe. El único que casi no hablaba era el hijo de los vecinos, aunque a mi no me importaba. 
A eso de las once se marcharon. 

Eran casi las doce cuando terminamos de recoger y mi madre y yo veíamos una película, sentadas en el sofá. Sin previo aviso, Michael entró corriendo, asustado como un conejillo. Se escondió a mi espalda, entre risitas nerviosas.

  • ¿Qué pas...? -mi pregunta fue interrumpida por mi padre.
  • MICHAEL ALASTOR WILDSMITH -gritó él desde la cocina.
  • Sea lo que sea lo que hayas hecho, estás muerto -dije, sin inmutarme siquiera.
  • Por Dios... -se lamentó mi madre y comenzó a levantarse.
  • No, mamá. Deja que sea yo la que calme a un Gryffindor -dije con voz cansina, y fui hasta la cocina.
  • ¿Donde está ese asqueroso...? -empezó a decir mi padre.
  • Muggle -terminé yo-. Sea lo que sea, él no es un mago y en el caso de que lo fuera sería un Hufflepuff, no hay que enfadarse con él. Es tonto -era una excusa de lo más extraña.
  • Hija, sabes que te quiero -comenzó a decir él. Dijera lo que dijera seguiría leyendo más libros de Harry Potter-, pero ahora acabas de convertirte en mi ídolo.
  • Venga, papá -dije yo, con falsa modestia-. No será para tanto. Que a mi querido hermano no le interese tanto Harry Potter no significa que tengas que matarlo. Además...
  • Lo mataré. ¿Sabes como ha quedado el Mercedes? Hecho un fiasco. Asqueroso, tiene más abolladuras que nunca, además de dos ruedas pinchadas, y el motor quemado -mi cara era épica-. Por si fuera poco está en el fondo de un lago -más épica todavía-. Yo lo mato, lo mato...
  • Papá, tranquilo. Hagámosle como a Alastor Moody, encerrémosle en un baúl. Al fin y al cabo va en su destino -dije con rotundidad-. Se llama Alastor.
  • Aria, eres mi hija predilecta -dijo y me abrazó.
  • Soy tu única hija -le repliqué.
  • Y además te llamas igual que la profesora de mi asignatura favorita.
  • Odio Astronomía... -dije. 
  • Y tu segundo nombre también es bonito -murmuró mi padre, ensoñadoramente.
  • Odio Adivinación... No vale, tu te llamas James...
  • Jejejejejeje....
  • Infinito desprecio -y tras haber aplacado el enfado de mi padre, volví al salón-. Idiota, estás a salvo -le dije a mi hermano, que se refugiaba en el abrazo protector de mi madre.
  • Okis.

Nos fuimos a dormir e intercambié una mirada cómplice con mi padre. Entré en mi habitación y bloqueé la puerta. ¿Estar a salvo? Michael, nunca creas la palabra de una Slytherin, pensé malevolamente, mientras mi hermano gritaba: SERPIENTEEEEEEEEEEEEEEEEE.
Y además tenía nueva mascota, ¿qué más podía pedir?

sábado, 13 de octubre de 2012

Capítulo 5: Emily.


De repente Kat me cogió del brazo muy bruscamente y me sacó del restaurante corriendo.
  • ¿ Kat que ha pasado? No le dejes que gane, estábamos primero.
  • Perdón Emy, él es un idiota y no sabía que hacer en aquella situación. Me siento una cobarde.
  • No, al contrario y tranquila. Bueno ahora vámonos que ya es tarde.
  • Esta bien.

Salimos del centro comercial y nos dirigiámos cada a una a su casa mientras charlábamos.
  • Ese chico es…es…es…
  • ¿Guapo?
  • ¿Qué? ¿Cómo puedes decir eso después de la escena, Emy?
  • JAJA era broma tonta, aunque te has puesto roja.
  • Esta bien. Guapo pero idiota, así que prefiero olvidar todo esto.
  • Solo hay idiotas en esta ciudad. Mira Zayn. Era encantaor pero en cuanto soltó la segunda frase me entraron ganas de peg……
  • ¡EH, EMY MIRA EL INSITUTO!
  • ¡ESTÁ EN LLAMAS!

Salimos corriendo hacia el instituto. Salía humo del despacho del director y empezaron a salir llamas que se propagaban rápidamente. Decidimos llamar a los bomberos inmediatamente. Estábamos solas en la oscuridad, no había nadie cerca para pedir más ayuda. Entonces divisamos un pequeño cachorrito a la entrada del instituto.

  • Emy, ¿Qué haces? ¿Adónde vas?
  • Voy a salvarlo, confía en mi, no pasara nada

Me dirigí rápidamente hacia la puerta del insti, entré y el animal me miró asustado. Lo cogí corriendo y lo posé en mis brazos. Sentía como su corazón latía rápidamente y yo lo abracé. Me di la vuelta para salir del recinto pero algo salió mal. Una farola en llamas se me cruzó y cerró completamente la puerta de entrada. Me asusté mucho, no había otra salida y las llamas me apresaban. Oía los gritos desesperados de Kat y no sabía que hacer. De repente siento como alguien me coge fuerte la mano y me coge en brazos. Yo cerré los ojos y me agarré a su cuello. Cuando me puso a salvo de las llamas me susurró.

  • Tranquila, ya estás a salvo.
Esa voz me sonaba mucho abri los ojos y reconocí inmediatamente ese rostro pálido.

  • Zayn, muchas gracias por salvarme per…..

En ese momento, por fin, vinieron los bomberos, policías y ambulancia. Me giro para buscar inmediatamente a Kat, venía corriendo hacia mi.

  • ¿Qué ha pasado Emy? Estaba muy preocupada. ¿Cómo has salido?
  • Él me ha salvado.
  • ¿Quién? No hay nadie
  • ¿ Qué? Pero si estaba aquí hace nada. Era Zayn el chico del restaurante.
  • ¿ En serio? Has tenido suerte Emy. Te podría haber pasado algo.

Cuando me di cuenta todavía tenía al perro en brazos. Lo solté en un lugar a salvo y fuimos a hablar con la policía.

  • ¿ Y a qué instituto iremos ahora?
  • Tendreis que acoplaros durante un tiempo en diferentes institutos de la ciudad. Ya os informaremos de todos los detalles. Ahora será mejor que os valláis a casa. Ya es tarde.

Hicimos caso al agente y nos fuimos a casa. Me despedí de Kat y puse rumbo a mi hogar. En el camino solo podía pensar en Zayn. ¿ Que hacía allí? Llegué a mi casa y mi madre como siepre me echó la bronca.

  • Emily, otra vez llegas tarde. El agente Robin me acaba de llamar y me contó lo que vio. ¿Qué hacíais en el instituto? Me dijo que fue un incendio provocado por una persona. ¿No habrás sido tu verdad?
  • Mama, estas loca, ¿como voy a ser yo? Me voy a dormir paso de discutir.
  • Esta bien. El agente tambien me contó que os vais a trasladar al instituto Madison Norte. El lunes empezais allí.

Sin mirar la vista atrás subí hasta mi cuarto. Primero la discusión de Kat, luego el incendio, Zayn y encima no he cenado. Dedicí olvidarme de todo, escuchar un poco de Ed Sheeran e irme a dormir.

jueves, 11 de octubre de 2012

Clases...

Hola, soy Alanis (:
Sólo es deciros que para subir los capítulos vamos a tardar un poco, ya que hemos empezado el insti (hace bastante tiempo).
Ahora estamos con el tema de los exámenes y es un poco lioso subir capítulos muy seguido. Ya sabéis, tenemos que ser niñas buenas y aprobar, okno.
En fin, era sólo eso. Seguid disfrutando de la novela.
Si tenéis algo que decirnos, comentar o menciones en Twitter (@1D_TheWorld_, @Alicia_Ariasu y @Torn_28). 
Os quiero-como <3

viernes, 5 de octubre de 2012

Capítlo 4: Kat (Odioso, capullo)


Se acercaba la hora de comer, así que baje a la cocina a mirar que había.
  • Mmm, ¡qué bien huele!- Dije mientras me acercaba a mi madre.- ¿Qué es?
  • Comida.
  • Oh, pensaba que eran calcetines.- Dije en tono burlón.
  • ¿Se supone que me tengo que reír? Como no tienes nada que hacer, hazme un recado, anda.
No tenía ganas de nada y menos de ir a comprar.
  • Esta bien...- Contesté.
Subí a mi habitación a cambiarme el pijama. Me puse un pantalón corto, una sudadera y unos botines. Cogí mi iPhone junto a mis auriculares y volví a bajar.
  • Ya estoy, ¿dónde esta la lista?
  • Ahí.- Señaló un pequeño papel.
  • ¿Y el dinero?
  • Junto al papel. Vamos Kat.- Se giró para mirarme.- Que es para la comida y lo necesito.
  • Joder, que ya voy.
Amor de madre e hija.

Salí de casa, me guardé el dinero y el papelito en uno de los bolsillos de la sudadera. Cogí los cascos y empezé a desliarlos. “¡Mierda!” grité, me irritaba no poder desliarlos con facilidad. Justo en ese momento pasó la vecina de al frente paseando a su fea caniche, Princesa. Me miró de arriba a abajo, y siguió caminando. Ag, como odiaba esa mirada de mujer ricachona y pija, yo tan sólo me limité a pasar de ella.
Seguí caminando ya con los dichosos auriculares dentro de mis orejas. Sonaba “Tik Tok” de Ke$ha. Concentrada en la canción me dirigía al super.
“Al fin”. Entré a la tienda, busqué lo que me ponía en la lista y me fuí a pagar.
  • El ticket.
  • Gracias.- respondí.
Al salir, aceleré el paso recordando las palabras de mi madre “Que es para la comida y lo necesito”, pero sobre todo era porque tenía hambre.
¡YA HE LLEGADO!
Dejé la compra en la encimera de la cocina. Mi madre no me dijo gracias ni nada, tenía un humor de perros, en días como estos era mejor no acercarse mucho a ella, parecía Hulk pero en versión mujer.
Nadie hablaba. Hubo un largo momento de silencio, hasta que Carl empezó a hablarnos de la universidad a la que asistiría pronto.
  • Me parece genial que vayas a la universidad hijo. Esto muy orgullosa de tí.- Dijo mientras le sujetaba una mano.
  • Ya, a mi también. Aún no me lo creo.
  • Mamá, ¿sabes qué?- cambié de tema.- He sacado un 10 en el último exámen de Francés, la nota más alta de todas.-
  • Qué bien.- Dijo con desinterés.
  • Ah, ¿es que no estas orgullosa de mí? ¡Mamá!
  • ¿Qué? ¿Qué quieres?
  • Mamá, te estoy hablando. ¿Es qué acaso no te importo?
Desde que mi padre nos abondonó mi madre siempre me ha tratado mal, muy pocas veces se acercaba para hablar conmigo haber como me ha ido el día.
Cabreada, recogí mi plato y subí a mi cuarto.
Miré el reloj que había en mi escritorio: 3. 37 pm.
Empezé a arreglarme. Era temprano, pero es que yo me tardo una eternidad en vestirme, peinarme, maquillarme, etc..
Me puse algo sencillo: un vestido poco más arriba de la rodilla, una sandalias romanas y una chaqueta vaquera (tipo Demi Lovato). Me hize una trenza-diadema. Busqué mi bolso, metí mis cosas: móvil, monedero... en fin, lo necesario. Me “duché” en colonia y bajé a despedirme.
  • Adiós, me voy con Emily.
  • Qué te lo pases bien, hija.- Me dió un beso.- En aquella mesita hay 20 £, cógelos.
Wow, de Hulk a madre generosa y amable. Bipolaridad.

Llegué a casa de Emily.
Riiiin.
  • Hola, ¿esta Emily?
  • Hola Kat.- me saludó su madre.- Ahora mismo baja. ¿Quieres pasar?
  • No, gracias. La espero aquí fuera.
Asiente sonriente.
Emily sale de su casa. Nos saludamos con dos besos y un abrazo. Caminamos, no sabíamos a dónde ir.
  • ¿Qué tal si vamos al centro comercial? - Preguntó ella.
  • No es mala idea, hace tiempo que no voy.
Caminamos hasta llegar al Centro Comercial, la conversación que teníamos era muy interesante. Me contó que había conocido a un chico, que según su descripción parecía muy guapo, en la cena familiar. Pero que le cayó mal porque le dijo “niñata”.
Llegamos, nuestros padres nos dieron dinero, era obvio que nos íbamos a comprar bastantes cosas.
Nuestra tienda favorita era Zara y muchas más.
Salimos cargadas de bolsas, estábamos agotadas. Fuimos a un Nando's que había cerca.
  • Y eso, no pensaba que fuera tan mal educado.- Dijo mientras nos sentábamos en la mesa del restaurante.
  • Ya ves, ¿y te gusta?
  • ¿¡Pero qué dices!? No me gusta, sólo me parece guapo. Además se llama Zayn.
  • Umm, Zayn. Raro, pero bonito.
  • Sí.- Y se le escapa una pequeña sonrisilla.
  • Emily.- Me mira.- Yo sé que te gusta, aunque sólo lo conozcas de minutos.
  • No Kat, no me gusta. Para enamorarte de alguien tienes conocerlo. Y conocerlo bien.
  • Vale, te creo. ¡Qué palabras más sabias!- Reímos.
  • ¿Qué desean señoritas?- Nos interrumió el camarero.
  • Pues una ensalada mediterránea de estas.- Señalé en la carta de menús.- Y... ¿una hamburguesa doble de pollo?- Miré a Emily.
  • Sí.-Contesta Emily.
  • Entonces eso, y dos coca-colas.
  • De acuerdo. En unos minutos se los traigo.- Y se marcha.
Que bien olía la comida.
Por ahí entraba un grupo de chicos, eran tres o cinco. No sé de que, pero uno de ellos me sonaba. Su voz, ¿sus rizos?
  • Emy, ¿ves a esos chicos?- Dirigió sus mirada al grupo.- Uno de ellos me suena, pero no sé de qué.
  • ¿Cuál?
  • Ese.- Señalé a uno de pelos rizados, alto.- ¡El de los rizos!- Me escuchó medio restaurante.
Grité demasiado, no soy muy disimulada para este tipo de cosas. El chico de los pelos rizados se giró, mas que todo porque era el único con rizos.
Oh-oh, la he cagado. Se acercaba a nosotras, Emily se estaba descojonando, algo que no servía de mucho. Joder, estaba paralizada y eso me jodía. ¿Por qué me pongo así? Ni siquiera lo conozco, ¿o si?
  • ¿Pero tú de que vas?
  • ¿Perdona? - Me levanté de la silla con aire de superioridad.
  • Espera... espera un momento. ¿Tú eres la maleducada de ayer? - Me apuntó con el dedo.
  • Primero, baja ese dedito, ¿vale? Segundo, no soy ninguna maleducada. Quizás sea al revés.
  • ¿Te crees guay o algo por el estilo?
  • Mira, deja de vacilarme. Ahora, si a tí no te importa, voy a comer.- Me iba a marchar cuando siento que me coge del brazo.
  • ¿Pero qué...?
  • Mira niñita, a mí nadie, NADIE.- Recalcó.- Me deja con la palabra en la boca.
  • Esta vez sí. Y esa soy yo.- Me solté bruscamente.
Cogí a Emily del brazo y nos fuimos, ella se quejó.
Salí corriendo del restaurante, sentía las risas de los estúpidos amigos del rizitos. Odiaba a ese chico, aunque apenas lo conocía