jueves, 1 de noviembre de 2012

Capítulo 9: Aria


  • ARIANNE SYBILL SI... -Abrí la puerta y me tiré encima de Michael para que no acabara la frase.
  • Ni. Una. Sílaba. Más -él asintió con la cabeza y yo volví a mi habitación.
  • Aria, cariño -mi padre llamó a la puerta-. Ven, tenemos que ir a por un terrario.
  • ¿La serpiente? -le pregunté. No, no me había olvidado de ella.
  • Exacto -escuché un: ALÉJATE DE MI, LAGARTO SIN PATAS de mi madre y un pesaroso suspiro de mi padre-.Apura, que tu madre va a acabar por trinchar a la...
  • GUSANO CUBIERTO DE ESCAMAS.
  • A la serpiente -terminó mi padre, riendo ante la "denominación" de mi madre para el animal.
  • Okiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiis -grité y me empecé a vestir. 

Doce minutos más tarde entré en el coche con una serpiente de un metro y medio de de longitud en el regazo.
  • Hija, se que te gustan los reptiles, y en especial las serpientes, pero eso podría ser peligroso -dijo mi padre al verme con ella.
  • Papá, si fuera venenosa y/o mortal no la habría comprado -le aseguré.
  • Bueno...
  • Yo SIEMPRE gano -y dimos por finalizada la conversación.

Llegamos a una tienda especializada, Komodo Dragon Shop, o algo así.
Mi padre cotilleó las distintas clases de animales que había por allí y se "enamoró" supuestamente de una iguana.
  • -Papá, o compramos el terrario o nos vamos, tu decides -él gimoteó como un niño pequeño al que no le compran un paquete de chicles.
  • -Pero, pero, pero...
  • -Si al final soy yo la que tiene que guiar a la familia, porque con este padre... ¡Ay! ¡Tan joven y con tantas responsabilidades ya! -con un gesto muy teatral y unos lamentos muy exagerados me alejé de mi padre.
El dependiente nos miraba, alucinando por colores. O por reptiles, que más daba.
  • -Los terrarios, por favor -dije educadamente  con metro y medio de serpiente sobre mis hombros y enrollada en mi brazo derecho.
  • A la derecha, detrás de las tortugas -musitó él joven dependiente, mirando fijamente la serpiente-. ¿Eso no es un poco peligroso?
  • Dependiendo de si la molestas o no -dije, sin darle mucha importancia.
Me dirigí a donde me había indicado. Terrarios y terrarios y terrarios ocupaban toda una pared. Los había grandes, pequeños, no tan pequeños y de formas y contenidos distintos. Y cada uno con su plaquita con información.
  • Bueno, pequeña -le dije a la serpiente-. Tu eliges, lo que más te guste -le di a la serpiente un poco de libertad y esta fue "mirando" los distintos terrarios-. ¡Oh my god! -susurré, al ver a mi nueva mascota así-. Argutus anguis.
  • ¿Por qué dices "serpiente inteligente", mi pequeña Slytherin? -me asaltó mi padre por detrás, pero yo ni me inmuté y seguí mirando los terrarios.
  • Porque no domino el pársel todavía, no te fastidia -le solté, borde-. Latín, papá, LATÍN.
  • Eres un persona horrible -me recriminó él, entrecerrando los ojos.
  • Soy una Slytherin -y la serpiente encontró el terrario que quería.
Fuimos hasta el mostrador y le pedimos el terrario al dependiente (al parecer se llamaba Allan, pero me daba igual). Él nos entregó una caja con el terrario. Había que montarlo.
Nos pasamos la tarde dando vueltas por la ciudad. No podíamos dejar a la serpiente, así que la llevé encima tooooooooodo el día. Al final me acostumbré tanto a ella que se me hacía raro no tenerla encima. Cuando volvimos al coche (a eso de las nueve) vi la caja donde reposaban las piezas sueltas del terrario. Y me enfadé. Aquello sólo suponía más trabajo.
  • Por joder -suelto enfadada en el coche-. Además de que es caro, hay que montarlo.
  • Calla, que voy a ser yo el que tenga trabajo -miré a mi padre, que observaba la carretera con odio... O tal vez fuera que la lluvia no le dejaba ver bien.
"Y ya vuelve a llover en esta mierda de país" pensé, apretando suavemente el frío cuerpo del animal, que, ahora que me daba cuenta, no tenía nombre.
  • Nagini -dije, como si fuera obvio.
  • ¿Qué dices, cariño? -mi padre era distinto de mi madre. Él le prestaba atención a la carretera.
  • La serpiente se va a llamar Nagini -dije y sonreí-. Voldy.
Ambos nos empezamos a reír debido a mi "bonito" y "noble" apodo a Lord Voldemort.
  • Si "El-que-no-debe-ser-nombrado" te escuchara, estarías muerta -dijo mi padre, intentando no reírse.
  • ¿Y mi padre, profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras en el colegio de Magia y Hechicería de Hogwarts, no me defenderá de Lord Voldemort?
  • Ese padre si, pero James Wildsmith, contable y empresario, no te defendería de Lord Voldemort. Además, mi pequeña mortífaga, ¿qué es eso de pedirle ayuda al bando contrario?
  • Sucio y asqueroso muggle... SANGRE SUCIA -le grité, indignada. Nadie ofendía a una Slytherin. NADIE-. Un Gryffindor tenías que ser. Un sangre sucia que va de valiente y después teme a Lord Voldemort.
Con mi falso enfado y la nariz apuntando al cielo (mejor dicho, al techo del coche) y mi padre intentando contener la risa, llegamos a casa sanos y salvos. Lo último que escuchamos al bajarnos del coche fueron las últimas notas de Let it be, de los Beatles...
...Y lo primero que escuchamos al entrar es el estribillo de Yellow Submarine (aparte de un: "MICHAEL, ABRE LA PUERTA DE TU HABITACIÓN INMEDIATAMENTE"  por parte de mi madre y un: "NO, ME MATARÁS. NO QUIERO. SERÉ UN ERMITAÑO DURANTE LO QUE ME QUEDA DE VIDA" de mi hermano)
  • Voy a montar el terrario -dijo mi padre, pasando de los dos gritones de arriba.
  • Voy a hacer la cena -dije, igual que mi padre.
Mientras cortaba cebolla y me cagaba en todos los santos españoles porque no podía dejar de llorar, mi hermano se dedicaba a poner la mesa y mi madre ayudaba a mi padre con el terrario.
Dejé la cebolla (por fin) y puse una pota con agua al fuego
  • ¿Qué hay de comer? -preguntó mi hermano desde la puerta de la cocina.
  • Tenía pensado hacer una ensalada y un poco de pasta -dije, sin prestarle verdadera atención.
  • ¿Te pasa algo?
  • No, ¿debería? -"Michael, que tengo un cuchillo".
  • Tu mejor amiga está en España. Casi toda tu vida está en España. Estamos a unos cuantos de cientos de kilómetros de España y probablemente no podamos vol...
  • ¿Crees que no lo se? -dije con voz queda. Sollocé y dejé el cuchillo sobre la tabla de cortar.
Michael me abrazó.
  • Pero no todo es tan malo, Aria -dijo, mientras que yo (Miss No-voy-a-llorar-más-por-esa-tontería) enterraba la cara en su hombro.
Aunque era un poco alto para poder hacer eso, así que tenía que conformarme con su pecho.
  • Vamos... Por lo menos ese imbécil está lejos y no puede volver a tocarte -yo sabía perfectamente a quien se refería. Y porqué lo decía-. Estamos mejor aquí, en Inglaterra.
Me separé de él y lo miré a los ojos.
  • Tal vez tengas razón, pero eso no quita que quiera volver a España... Odio el clima de aquí -un trueno-. ¡Y ahora se se pone a tronar en esta mierda de país!
  • Esa es la hermana pequeña, maliciosa, con mal genio, bocazas y de rostro de angelito que yo conozco -me sonrió y me dio un beso en la frente-. Sea como sea, siempre estaremos juntos, ¿no?
Asentí con la cabeza, mientras me limpiaba las lágrimas.
  • Yo siempre estaré aquí para molestarte, que me grites y aguantar tus bromas pesadas.
  • Y para llevarme de compras y arrastrarme por media ciudad -dije yo, riendo temblorosamente.
  • Exacto.
  • MICHAEL, LLEVO UNA HORA LLAMÁNDOTE -gritó mi madre.
¿Cómo podía ser que no se desgañitara?
  • Michael, será mejor que vayas o mamá te matará de verdad -dije, sonriendo. 
  • Ya lo se. Está enfadada conmigo porque dejé a Marcela -se pasó una mano por el pelo-. Es que se ponía muy pesada con lo de que fuera con ella a no se donde...
  • Pobre Marcela -dije, aunque era mentira. No sentía ninguna pena por ella-. Bueno, yo sigo con la cena. 
  • Yo voy a ver que quiere mamá -salió de la cocina mientras gritaba un: Voooooooooy.
¿Alguna vez maduraría? No.
Acabé de hacer la cena y nos sentamos a la mesa. Al parecer, no sabían donde dejar a Nagini y durante cierto tiempo el terrario estaría en mi habitación (y todo gracias al bocazas de mi hermano). A mi no me preocupaba. 
Entré en mi habitación, me puse el pijama y me metí en cama.

  • Buenas noches, Nagini -dije y apagué la luz.

Me desperté.
Domingo: día para no hacer nada y uno de los días más odiados de la semana.
Miré el reloj: 14:48
Pues no me iba a levantar para hacer de comer.
Miré a Nagini, que estaba enroscada plácidamente entre unas cuantas plantas decorativas dentro de su terrario.
  • Al domingo deberían cambiarle el nombre y llamarlo "pre-lunes"
Cogí el libro que reposaba sobre mi mesita y seguí leyendo.
Y durante todo el domingo me dediqué a "devorar" el Misterio del Príncipe.

Lunes.
Infinito frío-desprecio a todo lo existente en aquel momento.
Me vestí sin ganas y bajé a desayunar. Tiritaba y tenía MUCHO sueño.
  • Vamos, vamos -nos apuró mi madre-. Vais a llegar tarde.
  • Que novedad -gruñó mi hermano, dejando caer ruidosamente un plato en el fregadero.
  • Vamos, vamos -me puse la chaqueta-. Al coche, al coche.
  • Mamá, PARA -le grité. Cuando se ponía así era insoportable.
  • Adiós, hijitos -canturreó mi padre, medio dormido, desde las escaleras-. Que os lo paséis bien en el colegio.
  • Que te lo pases bien en la reunión con tu nuevo jefe, papi -dijo Michael, con voz de niño pequeño.
  • Infinito desprecio.
  • ¡Eso es mío!-grité, antes de que mi madre me empujara por la puerta.
Llegamos a las puertas del instituto.
  • Odio mi vida -dijo Michael.
  • Odio tu vida -dije yo.
  • Infinito...
  • Frío-desprecio -acabé yo por él.
Entramos y nos encaminamos hasta mi clase. A él le importaba bien poco llegar tarde. Me sorprendería que llegase.
  • Yo ya he traído todo para llenar mi taquilla -dijo.
  • Pues ya sabes, quiero tus llaves.
  • Mala.
  • Demasiado -dije y entré en mi clase.
Sonó la sirena.

Cinco minutos más tarde la puerta volvió a abrirse. Dos chicas de aspecto simpático entraron.
No les hice mucho caso y seguí dibujando. Una de ellas se sentó a mi lado y guardé el dibujo.

Pasaron las tres primeras clases y fui hacia el comedor.
Había quedado con Emily, la chica que se había sentado a mi lado.
Estaba tan perdida en mis pensamientos que sin darme cuenta, choqué contra alguien.
  • Perd...
  • ¿Pero que haces? -miré a la chica que me hablaba. Era alta y bastante delgada. Tenía la piel clara y un par de kilos de maquillaje en la cara. Tenía el pelo castaño-. ¿Tu eres una de esas niñatas nuevas? Mira, ¿no sabes quien soy verdad? -me caía mal. Bueno, ya me caía mal antes, pero ahora estaba declarado. Ese tono de superioridad se lo podía tragar-. Bueno, primero: soy Alessia y más te vale andar con cuidado, porque si no tendrás problemas, ¿lo pillas? Segundo: no te acerques a mi o a mis amigos. No nos hables, es más, no respires cerca de nosotros o tendrás problemas. Tercero: Aléjate de ese -señaló a alguien a mi espalda. Ni me molesté en girarme-: chico, o tendrás problemas. Y no te pases de lista.
  • Ajaaaaaaaaa -asentí y ella me miró con asco. 
Pasaron de largo.
Bien. Ya sabía que regalarles para Navidades. Un GPS para que se fueran directos a la mierda y no se perdieran. 
Me giré, simplemente para saber quien era el chico. 
No.
No podía ser.
PUAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA NO PODÍA SER VERDAD, NO PODÍA. PUAJAJAJAJAJAJAJAJAJA ¿QUE NO ME ACERQUE? Eso iba a ser muuuuuy difícil. ¡Si vivíamos juntos! Pobre Michael, la que le iba detrás. 

Fui hasta el comedor, riendo interiormente. 
Cogí una bandeja con comida y me senté, esperando a Emily.
  • ¡Hola Aria! -exclamó Emily.
  • ¡Hola! -me levanté y sonreí amablemente-. ¿Os sentáis? 
  • Claro.
Me callé y volví a pensar en mis cosas. ¿Qué se pensaba esa Alessia? "Una hostia bien dada. No, que si la toco me voy de viaje. Tiene que tener unos veinte centímetros de potingue en la cara, que si la toco me absorbe la mano y me voy a Narnia o a Hogwarts."
  • ¿Sois nuevas?-pregunté, más por educación que por otra cosa.
  • Sí -respondió la otra chica, sonriendo-. ¿Y tú?
  • También -hice una mueca-, pero no me gusta este sitio. Para nada -miré a mi alrededor y vi como Alessia salía del comedor. Que hostia más grande le daba en esos mismos momentos.
  • Aria, volveré tarde a casa. ¿Vale? -dijo Michael, colgándose de mis hombros.
  • Ok, pero no te pierdas -dije, con una nota de burla-. No tengo ganas de ir a buscarte luego.
Nos reímos, pero sabía perfectamente que Michael era capaz de perderse hasta dentro de un garaje. Tendría que ir a buscarle. Me apostaba a Nagini a que debería pasarme una hora buscándolo.
Estaba perdida en mis sombríos pensamientos cuando Kat (así la había llamado Emily) habló.
  • ¿Lo habéis visto?
  • ¿El qué? 
  • A ese chico, al rubio ese de ahí.
  • Erm, sí. ¿Qué pasa? 
  • ¿Qué te mola, eh? -bromeé yo.
  • No para nada -se puso seria repentinamente-. Sólo que parece perdido, ¿qué tal si le digo que se siente con nosotras?
  • Me parece bien -dije.
  • A mi también -asintió Emily.
Se levantó y se acercó al chico. Al rato volvieron a la mesa. Lo saludé con la mano.
  • Chicas, este es Niall -dijo Kat.
  • Aria -dije y entrecerré los ojos. Me sonaba de algo.
  • Emily -seguía sonándome de algo.
Terminarons las clases (VIVAAAAAAAAAAAA). 
Acompañé a Emily y a Kat hasta su casa, ya que me quedaba de camino. Y Niall venía con nosotras. 
Yo seguía con la impresión de que lo conocía de algo, pero no sabía de que.
Tras "abandonar" a Kat y a Emily me quedé a solas con Niall.
  • Vale -dije, no soy de las personas que se van por las ramas. Soy directa. Mucho-. Yo a ti te conozco de algo.
Niall me miró, sorprendido.
  • Soy tu vecino.
Silencio.
Pasó un coche.
  • ¿En serio? -él asintió-. Bien. Acabo de quedar MUY MAL.
Se empezó a reír.
Por fin llegamos a nuestras respectivas casas.
  • Bueno, hasta mañana -dije y entré en mi reconfortante hogar. 
"¿En serio era mi vecino? ¡Claro! El chico que había venido a cenar." Ahora todo cuadraba.
Aparté de mi mente a mi vecino-Niall y subí hasta mi habitación para darle de comer a Nagini. Después hice los deberes..., o casi. 
No entendía nada, pero nada de nada sobre matemáticas. Bien... Pues iba en blanco. Ya me inventaría una excusa para los deberes.
Suspiré y fui a comer algo.
Michael no había vuelto... y yo no iba a ir a buscarle. Me di una ducha y me puse el pijama.
Una hora más tarde dormía como un tronco.

Martes.
El segundo día más odiado de la semana.
Tenía educación física. EL PROFESOR LAMAS, NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO.
Me puse unos leggins negros por debajo del pantalón vaquero(no daba encontrado el puñetero chándal), una camiseta holgada y unas convers de tela vaquera (a la mierda los tenis, yo quería ir cómoda).
Y lo mismo de día anterior: desayuné con Michael (al cual mi padre tuvo que ir a buscar al otro lado de la ciudad), mi madre nos metió prisa, nos burlamos de nuestro padre y le di un besito de despedida a Nagini.

Llegamos al instituto
  • ¡Aria! -gritó Emily.
  • ¿Qué? ¿Eh? -me giré, sin saber quien me llamaba-. ¡Ah, hola!
  • ¿Qué tal?
  • Bien, con prisa -dije y abrí mi taquilla-. Mierda, Michael tiene mi chaqueta. Infinito despreeeeecio.
  • ¿Qué pasa? -preguntó Kat.
  • Que tenemos educación física -me recorrió un escalofrío-. Y yo no tengo mi chaqueta. La tiene el idiota de mi hermano.

Al final hice educación física sin chaqueta y casi me da una hipotermia. Nunca más, me juré.
Las clases pasaron sin mayores problemas. Bueno, lo único que pasaba era que medio instituto ya me conocía por culpa de Alessia. Bueno, a mi no me importaba.

El problema vino a la hora de comer.
  • Bua -dijo alguien a mis espaldas-. Es esa, es la que chocó con Alessia y no se disculpó.
  • Es cierto -le contestó otra-. Que tonta.
  • Pues si, es muy tonta -asintió una voz mucho más alta que el resto. Alessia.
Bien mundo, gracias por todo. 
Una mujer gorda y con cara de perro echó en mi plato unos spaguettis con tomate. Bien.
  • Es que además de tonta, es una torpe -"cuaaaaaaanta imaginación, Alessia"-. Y va por ahí con una serpiente sarnosa. 
Colapso nervioso.
¿Como lo sabía? Sólo la había llevado encima un día, ¿me había visto?
Bueno, aquello no importaba. Pero lo de "serpiente sarnosa" no se lo pasaba. 
Soy de gatillo fácil. 
Y vengativa.
MUCHO.

Sin pensarlo mucho (sin pensarlo, realmente) me di la vuelta y le estampé la bandeja de comida a Alessia... O no.
Alcé la vista lentamente. 
Delante no tenía a Alessia. Tenía a un chico al cual le había estampado un plato con spaguettis. La mitad del comedor se reía. Y mi enemiga, más que el resto.
  • ¿Lo siento? -pregunté con inseguridad. Notaba que se me subían los colores.
  • No... importa -dijo él mientras se ponía rojo. Por favor, que no esté enfadado... Solo con mirarle ya sabía que tenía bastante más fuerza que yo.
  • Vaya, ¿es así como ligas, serpiente? -preguntó Alessia, riéndose de mi.
  • Por lo menos yo no me tengo que bajar los bragas para conseguirlo -dije, sonriendo.
Silencio.
Unos cuantos aguantaban la risa. Más que unos cuantos. Incluso el chico lleno de spaguettis intentaba contener la risa. 
Alessia no sabía que decir. Me miró con la boca abierta y los ojos llenos de odio. Volví a sonreírle con suficiencia y decidí encargarme del chico. 
  • Espera un momento, por favor -le pedí educadamente. 
Él asintió con la cabeza y se siguió quitando spaguettis aplastados de la camisa.
Me acerqué a Michael, que ya tenía su propio grupo de amigos. Muy social mi adorable hermano. 
  • Michael -tiré de la manga de su chaqueta como una niña pequeña-. ¿Tienes...
  • Antes de que me pidas nada -me cortó-. Eso a sido muy fuerte. Me encantado -y sonrió.
  • Soy Dios, lo se -"Dios es Alba, te recuerdo"-. Bueno, ¿puedes dejarle una camisa al chico al cual le he estampado un plato lleno de comida?
  • ¿Ya ni preguntas si tengo? -me mira dolido. Que bien se le da hacer el idiota.
  • ¿Tengo que suponer que no tienes? -pregunto, con una ceja enarcada.
  • Si tengo, pero de ahí a que te deje... -sonrió maliciosamente.
  • Dejaré a Nagini en tu cama esta noche como no me des las llaves -le amenacé.
  • Odio las serpientes -murmuró enfurruñado, mientras buscaba la llave de su taquilla-. Son horribles. 
  • Tienes una como hermana -repliqué yo, extendiendo la mano.
  • Me arrepiento -dijo y soltó las llaves.
  • Pues esta serpiente a mi me encanta -dijo uno de sus amigos. 
Michael cerró los ojos un momento, conteniéndose.
  • Dave, te agradecería que no le hablaras así a mi hermana -gruñó.
  • ¿Por qué? Ni que la hubiera... 
  • Dave, cállate antes de que te mate -dijo, mirándolo.
  • Vale, vale, lo siento... 
  • Bien -Michael me dio un beso en la cabeza.
Me alejé de allí y volví junto al chico.
  • Vamos -dije y le sonreí mientras le quitaba un fideo del hombro.
Vi como Kat y Emily se acercaban, me había olvidado de ellas. Les hice un gesto para que se quedaran allí y que no se preocuparan.
Antes del salir tenía que ver la cara de Alessia. 
Lo sabía.
Tenía la cara idónea para sacarle una foto y subirla a tuenti, a twitter y a facebook si hacía falta. 
Arrastré, literalmente, al desconocido por medio instituto hasta llegar a la taquilla de mi hermano.
La abrí y empecé a sacar cosas. Libros, libretas, un bocadillo, una foto de una chica pelirroja (por detrás ponía "Michael" y por la letra diría que lo había escrito la chica, que era Diana), notitas, su agenda, papeles sin importancia, el horario escolar, una cartera vacía, un par de chaquetas, camisetas, un chándal y un pantalón. Colonia (WTF), desodorante, un peine (W-T-F, en serio) ¿Qué coño tenía Michael ahí dentro? Solo le faltaba una linterna.
Pensado y echo.
La cogí, flipando por colores. Después me dije que como la taquilla era tan grande (eran como las de las películas americanas, en otras palabras: enormisísimas, que te cogía el Cirque Du Soleil ahí dentro) y mi hermano así de inteligente, todo era posible. Incluso encontrar la entrada a Hogwarts.
Con la linterna encendida encontré una camiseta negra que no había visto antes. 
  • Por fin -dije y saqué la cabeza de la taquilla-. Toma -se la di y miré el reloj-. No te va a dar tiempo a ir hasta los baños, así que te vas a tener que cambiar aquí.
  • Esto... -me miró un momento.
  • Mmm... Ya, entiendo -me puse detrás de la puerta. 
Mientras el chico se quitaba la camisa vi al profesor Vane acercarse. 
  • ¡A la taquilla! -y lo empujé dentro. Escuché un grito-. ¡Calla!
  • ¿Ocurre algo? -pregunto el señor Vane.
  • N-no, profesor -por Dios, era la situación más absurda del mundo. Estaba escondiendo a un chico semidesnudo dentro de la taquilla de mi hermano y hablando con la versión muggle de Severus Snape.
  • Escuché un grito, señorita Wildsmith -dijo, con aquella voz tan horripilante.
  • Fui yo, es que me asusté por una tontería -intenté sonar convincente, pero el señor Vane me ponía nerviosa. 
No, no me ponía nerviosa. Me asustaba. 
Y mucho.
Severus Snape en muggle, sin duda.
  • Comprendo. Más le vale no estar haciendo nada que no resulte... apropiado para el colegio -asentí y él se dio media vuelta. 
No llegó a completarla. Se giró hacia mi de nuevo y recogió algo con un bolígrafo. La camiseta de Michael. 
  • ¿Es esto suyo, señorita Wildsmith? -preguntó.
  • Eeeeh, si, si, por supuesto. Es mío -me tendió la camiseta, mirándome con sospecha. Le dediqué la mejor de mis sonrisas falsas y cogí la camiseta.
  • Buenos días y adiós -y se marchó. 
Cuando desapareció por completo, me permití relajarme. 
  • Dios, esto no es bueno para mi corazón -dije.
  • Hum... Perdona pero, ¿puedo salir de aquí? -dijo el chico desde dentro de la taquilla.
  • ¡Perdón! -me aparté y abrí la puerta. (Definitivamente, no era la entrada a Hogwarts)
Él salió y cayó de rodillas. Parecía que alguien lo había empujado. Alguien o algo. 
Unos cuantos libros cayeron, junto a unas chaquetas y el pantalón. Retrocedí hasta la pared opuesta a las taquillas, con la camiseta apretada contra el pecho.
Se levantó. 
Era alto.
Más que yo, fijo.
"Hay veces en las que odio ser bajita" pensé.
A ver, no es que hubiera nada aterrador en él. Era alto, delgado dentro de los cánones de belleza masculina, y con el pelo castaño. (A mi me suena...) Los ojos castaños también (Yo lo he visto en alguna parte) y me apostaba lo que fuera a que iba al gimnasio (Deja de fijarte en esos detalles y mírale a la cara, que pareces una salida). 
"Cállate, conciencia" pensé, pero hice caso de su consejo. 
Realmente me sonaba de algo. 
"Este no es tu vecino, te lo aseguro"
"Que pena... No me importaría que viniera a cenar"
"Tonta."
Me fijé en que estaba levemente ruborizado. Y que tenía el contorno de un ojo levemente morado.
  • ¿Me puedes dar la camiseta, por favor? -preguntó. Su voz también me sonaba.
  • ¿Qué? -miré lo que estrujaba entre mis manos-. Oh, claro. Toma.
  • Gracias -la cogió y se la puso.
Nos miramos un instante. Le sonreí sin saber muy bien que hacer o decir.
  • Gracias -repitió.
  • ¿Por qué? Fui yo la que te aplastó un plato de espaguetis en la camisa. Es culpa mía -dije, honradamente. Maldita fuera mi humanidad.
  • Bueno... Cualquier otra persona se habría puesto a pedir perdón y se habría quedado ahí parado -dijo, y me sonrió-. Y tu me has ayudado, dejado una camiseta de...
  • Mi hermano -le ayudé.
  • De tu hermano, y escondido de un profesor -finalizó.
  • Lo del profesor era más por mi que por ti -dije, avergonzada por un momento-. Me conoce. Me dio clase cuando iba al Eton y me tiene manía. Soy buena en su asignatura, pero no le caigo demasiado bien -e hice una mueca
Nos volvimos a quedar en silencio.
Maldita fuera mi humanidad multiplicado por un millón.
  • Yo a ti te conozco -"eso lo dijiste ayer".
  • ¿En serio? -me miró extrañado.
  • Si, tengo la impresión de haberte visto o escuchado hablar -intenté recordar.
¿Por qué me sonaba tanta gente? 
  • Yo también, pero no se de que -murmuró.
  • ¡Eres el chico del parque! -exclamé automáticamente.
  • ¡Eres esa chica!
Sonó la sirena.
  • ¡Las clases! -gritamos al unísono.

2 comentarios:

  1. Awwww que monos! Y toma ZAS EM TODA LA BOCA A ALESSIA

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    1. Por supuesto, jajajaja, me alegro de que te guste, jajaa

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